lunes, 8 de febrero de 2016

Mi único Dios es la luna. No creo en nada más que en la fuerza de los astros sobre mi cuerpo, soy su marioneta, soy un cuerpo más en este mundo de cadáveres con mente. Estoy muerto ya, estoy muerto ya...

No comprendo el amor, no comprendo la ambición. El éxito no es nada más que cumplir algo tan estúpido y sin sentido para el universo. Somos tan pequeños, tan pequeños. Ya ni sé qué sería vivir, soy nada más que un ciervo en una sociedad en decadencia. Documento el centro de atención de esta pequeñísima pintura, escribo y escribo miles de cientos de palabras inútiles.

Mañana y mañana y mañana. Mañana no existiremos, no existiremos ni en el indescifrable idioma del futuro. Porque no somos nada más que números.

Somos las hormigas suicidas de la Vía Láctea, y nos restamos, nos restamos hasta que el universo no existe en nuestros ojos. 

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