viernes, 2 de septiembre de 2016

Estoy demasiado despierta, quiero dormir en mi subconsciente, conocer mis odios en primera fila, darle un apretón de manos a mis obsesiones.

Que mis miedos devoren mi cabeza, y me derritan en los ácidos de sus salivas.

Quiero derretirme.

Quiero ser una toxina en el agua.

Quiero ser tu droga (y hacerte mi adicto).

viernes, 29 de julio de 2016

Me cocí en mis manos tu nombre y el hilo corrió. Hoy gotas caen cuando escribo, hoy no leo nada más que manchas carmesí y las heridas no sanan.

El viento guió mis pasos y mi mirada en el murmullo te gritaba en letras pequeñas, traslúcidas que los que se encontraran permanecerían. Y tú encontraste.

Yo sigo tocando a la puerta de donde nadie vive.

Y mis manos las miro, las miro cada mañana en busca de un cambio, pero tu nombre sigue doliendo y mi manos no se detienen a descansar. ¿Será que algún día aprenderé?

Ya no sé contar estrellas, ya no sé si existe el cielo o la tierra pero sé que mi pataleo es incesante y mi respiración aún no me falla en la tarea de sobrevivir el nadar en esta marea roja. Roja de la sangre de mis manos.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Ayer puse esa canción.

Esa, la cual escuchaba horas y horas por las noches, la que sonaba constantemente mientras caminaba por las calles y en el fondo mientras escribía incontables palabras en tu nombre. La que venía a mi mente cuando estaba contigo, cuando hacíamos locuras, cuando me tomabas de la mano, cuando te miraba a los ojos y me dabas un beso, cuando caminábamos entre la gente hablando de estupideces que solo ambos comprendíamos. Cuando el humo nos unía y veíamos las estrellas. Cuando estabas. Cuando no. Cuando te quería... Y cuando tú no.

Puse esa canción y te extrañé. ¿Cuánto había pasado, cuánto había ocurrido con esa canción en mi cabeza? Pensé en tus ojitos dormilones y tus labios torpes. Se me hizo un nudo en la garganta y me dolían los ojos al evitar que se escapara una lágrima. Era algo que tenía, algo que teníamos y ya no tengo con nadie. Este año ha sido un festival de parejas pasajeras, de acompañantes de noche y de estrellas sin brillo.

Extraño ir y venir contigo, extraño compartir ese último cigarrillo, extraño tus manos en las mías y el baile de ese tierno jugueteo que la coreografía ya sabíamos de memoria. Extraño tocar tu pelo y que te derritas en mi toque, te extraño, te extraño, te extraño.

Y hoy escucho esa canción con nostalgia, en cada palabra nos imagino, en cada palabra nos veo, en cada palabra te recuerdo. El amor, ¿no? Recuerdo el sabor de tu boca, recuerdo el olor de tu piel, recuerdo el brillo de tus ojos, recuerdo el recorrido de mis manos en tu cara. Te recuerdo en un todo.

Es algo en tí que me hace respirar.

martes, 26 de abril de 2016

Amor traicionero

Canciones felices para gente feliz
Canciones vacías para gente triste
No veo que te rías y me pone inquieto
Qué pasa por tu mente me pregunto

Los días son siempre nublados
(Los días son siempre sin ti)
Los días pasan y no me muevo
(Estoy atascado sin ti)

Es una enfermedad, lo sé, lo sé
Pero qué hago, qué hago
Si sin ti no puedo vivir.
No paro de pensar en el ayer.

Mañana tras mañana, no duermo
Tarde tras tarde, desconsuelo
Porque noche tras noche no te tengo
Noche tras noche lágrimas frego
(Lágrimas que brotan tras el desvelo)

Si no lo hubiera hecho (Herirte)
¿Cómo hubiera sido? (Matarte)
No hubo besos ni abrazos
Sólo dolor, dolor y tajos.

Tu cuerpo es blanco, blanco nevado
Tu cuerpo encantado por hombre maldito
Ni un adiós, ni una disculpa
Sólo mi mano y la terrible culpa.
Últimamente eres fobia de encontrar
Quién eres, no sé cómo reaccionar
Trauma, tu nombre no puedo recordar
Pánico me haces sentir al pasar.

Hablas, hablas pero ¿qué contestar?
Eres misterio a descifrar
Aúllo locura tratando de ocultar
Que estoy a punto de explotar.

Y los días han de irse y volar
Porque sé que difícil es acercar
Dos vidas, dos corazones sin dialogar.
No te hablo, apenas logro balbucear.

Estamos ocupados en mirar
A otro lado, a otro lado y tratar
Porque sé que no te he de asentar
En el amor, jamás lo he de lograr.

Y un simple saludar
El día ha de iluminar.
Hola y adiós gritar
Que así ojalá tú me has de escuchar.
¿Qué tengo que consumir para ser feliz? Estoy triste de nuevo y sé que mi culpa es.

Trato de convencerme que tarde o temprano se dará una oportunidad contigo tratando de olvidar todas las oportunidades perdidas por estar encerrado en mi cobardía. Soy demasiado cerrado, demasiado celoso y no me gusta tu alegría.

Oh, dios mío santo que tú eres, te amo con mi parte más inútil, el corazón. Que no razono en qué parte de mi frialdad creció el tumor que es tu amor, y no logro descifrar si es benigno o no, y si no lo es, extirparlo.

Pero, me pregunto, ¿qué hace tus movimientos más agraciados en mi percepción, tus palabras, danza interpretativa de sentimientos tan profundos, y tu mirada mi más crítico enemigo?

Mis ojeras sufren en su expansión e intensificación. 

Mi desvelo aún no trae respuesta.
Mis moretones no significan nada más que mentiras descubiertas y odio propio combinado con la costumbre a ser violento. Me descontrolo y es necesario un castigo.

Que si hoy no te beso se me va a ir el pulso, pero el riesgo es demasiado y ya ni te hablo. Somos una pareja de idiotas y nada más, ninguno jamás tomó la iniciativa y la chispa se fue y me quedé con las ganas.

Y cada día que me miro en el espejo, me acompaña un golpe por mi estupidez. Te quise, te quiero, te querré y me conozco. Pero no conozco cómo amas y me arrepiento.
Quiero que el más suave de los besos nos conecte
Aquel tímido enlace de bocas
Que en su minimalismo evita rocas
Y nos recuerda lo que ha existido siempre.

lunes, 8 de febrero de 2016

El mundo es demasiado limitado, los colores no son un suficiente espectro para todo lo que siento.
Siento la tierra bajo mis pies, siento el viento entre mis dedos, siento la calidez del Sol y el frío del cerámico. Siento tu voz entre multitudes y trato de extraerte, trato de obtenerte, pero no logro ver tu color. No logro ver tu color.

Carta de una adolescente desesperada

Le escribo al chico detrás de mis constantes pesadillas, de mis abundantes desvelos y mi diminuto apetito. 

Aquel que le quitó sentido a mi vida pero que ha sido la mayor bendición de mis versos sin forma. 

Aquel que lamento anhelar ser la mano que toma, la cara que piensa y la mente que admira, porque me he vuelto empalagosa por sus pensamientos hablados en globo de diálogo rosa, en aquel tono suave y cálido.

Y me veo perdida en el humo solo por tratar de tapar aquellos ojos soñadores, pero su reluciente luz no muestra dificultad en romper la tan gruesa cortina que he creado en tu nombre, me acechan en ternura, me acechan en inocencia.

Porque en la noches miles de arañas me devoran en la oscuridad de sus cuerpos, mi saliva es veneno en el que no puedo desear más ahogarme, y en aquel atril vacío imagino un lienzo con tu nombre escrito y en las estrellas veo distante la luz que necesito.

Soy un cuerpo opaco tan así como mi mente, las luces se han ido apagando en tu ausencia. Las velas no son infinitas tal así como nuestras vidas, y en la muerte me arrepiento tanto de ver siempre la respuesta. Soy cobarde y por eso no me quiero, no me quieres, soy cobarde y por eso es que mis manos no dejan de moverse, soy cobarde y por eso es que te escribo.
Aunque sé que quizás no sabrás jamás que hablo de ti y solo de ti no sé porqué cada día reservo un poco más de confianza para hablarte. Hablarte en serio.

Odio ser incapaz de decirte ahora aquella pequeñísima frase guardada en el fondo de mi ser.  

Estaré enamorada, no lo sé, pues no hay quien no me haya sentido mal por querer (porque en el fondo de mí sé que lo hice por lástima, solo por lástima de mi pobre ser) y sé que este odio con que he vivido desde mi nacimiento no me lo quitaré de encima ni en la muerte. Porque me odio y a ti te amo y yo sé que así no funciona.

Y por eso, en una carta anónima te digo todo lo que siento. Siempre, siempre en carta anónima, hasta que al fin acumule el coraje y en carta de suicidio me despida.

Y tú no lamentes mi muerte. 
Porque el aire describe perfectamente lo pesado que es el ambiente, aquellas conexiones no visibles hacen dudar más y más a Gabriela.

Ella no espera nada de él, pero él espera todo de ella.

Y la ventana la llena de cartas de amor jamás escritas, y de fantasías jamás cumplidas, porque Matías la ama pero ella no a él. Porque él desea que los estúpidos jugueteos se vuelvan más que un juego sin dar cuenta que no hay mayor juego que el del amor.

Su techo es nada más que memorias de su cara y todas aquellas palabras y acciones que lo enamoran de ella, pero Gabriela no piensa en él, sino en una de aquellas perfectas mujeres de las que siempre le habla con su boca de rimas bohemias y de misterios crípticos.

Ella no está interesa en él, ella no estás interesada en ellos.

Y él, él le da la vida.
A veces quiero envolverme en la sábanas de una fantasía. Una fantasía tan triste y melancólica que destruya mi cuerpo en la agonía. 

A veces quiero vendarme los ojos y encerrarme en una habitación, y escuchar el universo porque quiero sentir todo lo que me dices, lo que me has dicho y lo que me dirás. Eres un ser tan mágico que anhelo encerrarme en tu cuerpo y entrar en un trance al acariciar una y otra vez los labios de tu boca, porque me siento tan pesadamente hipnotizada en tus ojos, tu cuerpo y en cada una de tus palabras.

Estoy tan enamorada, tan enamorada, tan enamorada y hoy, ahora, de inmediato quiero abrazarte y besarte y sentirte tan ligero como mi cabeza. Eres tú el universo en el que me pierdo, y te veo, pero no estás a mi lado, y me siento dolida, tanto que no logro describir está maldición que es la depresión. 

Estoy tan deprimida, tan deprimida, tan deprimida.

Y agradezco a Dios. Agradezco poder verte y conocerte. Agradezco a esa divinidad suprema que te hizo en el mismo tiempo y espacio en el que me hizo a mí.

La tortura más grande se ha vuelto la bendición más divina.
Mi único Dios es la luna. No creo en nada más que en la fuerza de los astros sobre mi cuerpo, soy su marioneta, soy un cuerpo más en este mundo de cadáveres con mente. Estoy muerto ya, estoy muerto ya...

No comprendo el amor, no comprendo la ambición. El éxito no es nada más que cumplir algo tan estúpido y sin sentido para el universo. Somos tan pequeños, tan pequeños. Ya ni sé qué sería vivir, soy nada más que un ciervo en una sociedad en decadencia. Documento el centro de atención de esta pequeñísima pintura, escribo y escribo miles de cientos de palabras inútiles.

Mañana y mañana y mañana. Mañana no existiremos, no existiremos ni en el indescifrable idioma del futuro. Porque no somos nada más que números.

Somos las hormigas suicidas de la Vía Láctea, y nos restamos, nos restamos hasta que el universo no existe en nuestros ojos.