lunes, 8 de febrero de 2016

A veces quiero envolverme en la sábanas de una fantasía. Una fantasía tan triste y melancólica que destruya mi cuerpo en la agonía. 

A veces quiero vendarme los ojos y encerrarme en una habitación, y escuchar el universo porque quiero sentir todo lo que me dices, lo que me has dicho y lo que me dirás. Eres un ser tan mágico que anhelo encerrarme en tu cuerpo y entrar en un trance al acariciar una y otra vez los labios de tu boca, porque me siento tan pesadamente hipnotizada en tus ojos, tu cuerpo y en cada una de tus palabras.

Estoy tan enamorada, tan enamorada, tan enamorada y hoy, ahora, de inmediato quiero abrazarte y besarte y sentirte tan ligero como mi cabeza. Eres tú el universo en el que me pierdo, y te veo, pero no estás a mi lado, y me siento dolida, tanto que no logro describir está maldición que es la depresión. 

Estoy tan deprimida, tan deprimida, tan deprimida.

Y agradezco a Dios. Agradezco poder verte y conocerte. Agradezco a esa divinidad suprema que te hizo en el mismo tiempo y espacio en el que me hizo a mí.

La tortura más grande se ha vuelto la bendición más divina.

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