¿Qué tal si compartimos un momento?
Me agradas,
no hay nada malo en ello.
Una que otra pregunta
que danza en tu boca,
sigilosa,
atrevida,
o tremendamente inesperada.
Pequeños labios
que con un ritmo insinuante
me dicen que es hora de hablar.
Verdad, verdad, verdad,
¿quién lo ha de comprobar?
¿qué tal si en vez de jugar
me retas a algo más?
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