miércoles, 23 de septiembre de 2015

Y el solsticio dice que mañana será, al fin, época estival. Bailaremos en las manos del sol por más tiempo. Tus ojos y los míos permanecerán por aún más tiempo entrelazados, unidos, despidiendo cada día con un suave brillo que cae lentamente por tu mejilla, rodeando tus labios y así, tu sonrisa.

Tus manos dominarán el flujo del tiempo y por cada paso, cada movimiento, sentirás la arena detenerse en la punta de tus dedos, la punta de tus uñas, y absorberás lentamente la abundante y envejecedora leche de la madre tierra, quien en dulces susurros inalcanzables aún por tus puros oídos, te dice: "Vete a la cama, hijo de destrucción. Vete a dormir, hombre de creación".

Abres los ojos del trance de tus labios abriéndose, cerrándose en cada tic y tac del reloj colgado expectante en los pies de la cama. Vigilas la hora, que cae como gota en tu cabeza, torturándote como a otros hizo la guerra. Obligas a tus pies moverse, escapas de la luna vigilante, del sol enceguecedor, y deseas que todo deje de girar de una vez. Las espirales no se detienen y tú desesperas.

Un laberinto lleno de pasillos sin fin y tú caes rendido sin haberte dado cuenta de que la única forma de salir era abrir tus vastas alas. Cierras los ojos, sueñas del invierno lejano y de los bailes de verano. Sueñas que la libertad es lejana, que la vida monotonía y que el aburrimiento, rutina.

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