Fue cuando traté de llamar tu nombre que me dí cuenta de lo sucedido.
Tenía miedo de que no hubiera respuesta y, lamentablemente, es así como ocurrió.
Ah, ¿cuál es mi suerte si no logré decirte cómo te quería?
Te adoraba como a mi mismo y esto es tan triste que podría gritar tu nombre en la forma más melancólica y cruel posible. En tu lecho de muerte.
Ah, revive para mi un solo segundo. Revive y dime que me querías a mi también porque es la falta de una respuesta a mis sentimientos lo que me hace sentir vacío, casi inexistente.
¿Qué es de mi si no estoy para ti? ¿Seguir con mi vida? No gracias, no quiero si es que tú ya no estás conmigo, aquel no es mi destino.
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