viernes, 24 de julio de 2015

Ay, que la noche está triste. Es díficil negarlo con las lágrimas en tu mejillas, corriendo, alejándose, dejándose llevar por la gravedad, que las llevan bajo tus pies, bajo, bajo, tan bajo como has de estar tú y tu pequeño auto-despreciado ser.

Cuento los suspiros; uno, dos, tres... ¿Por quién es que suspiras, bebé? ¿Es la luna o el amor lo que reluce en tus ojos? Ah, querida, mi vida, que te conozco, te conozco demasiado y te odio con todas las ganas de este mundo, con estusiasmo, pues que no me quieres decir qué sucede.

La luna se va, mírala, despídete ya, que todo llega a su fin, que todo ha de terminar para algo nuevo comenzar. Si nada es que sucede pues al diablo nos vamos, que quiero que vayamos lejos, lejos, muy lejos... de la mano.

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